Un reloj de arena muy especial: la arena que cae no se acumula en una colina, sino que forma estructuras sorprendentes y enigmáticas. En un reloj de arena normal, siempre se forma un cono plano en el cristal inferior, sobre cuya punta cae continuamente la arena que fluye. Sin embargo, cuando coloca el reloj de arena magnético sobre su base, ocurre algo completamente diferente: la arena cae normalmente, pero no forma un cono, sino una estructura redonda con púas, similar a un erizo. Solo cuando levanta el reloj de arena de la base, el erizo se derrumba y se convierte en un cono.
¿Cómo es posible? El primer secreto: en la base del reloj de arena magnético hay un pequeño pero potente imán de neodimio. Este imán influye claramente en la arena, lo que nos lleva al segundo secreto: el reloj de arena no contiene perlas de vidrio, sino un fino granulado de hierro fundido que es atraído por el imán.